Como ya escuchaste, este edificio es verdaderamente un palacio. Pero en su interior, guarda uno de sus secretos mejor conservados: una enorme estructura de hierro fundido. Entonces, ¿qué es esa estructura que estás por ver? Bueno, no se trata de un único tanque de agua—son doce, distribuidos en tres niveles. Esta disposición vertical permitía mayor altura y presión en todo el sistema.
La estructura fue traída pieza por pieza, durante siete años, desde Bélgica, y es una de las construcciones de hierro fundido más importantes del mundo. Este palacio lleva la idea de contraste a su máxima expresión: en el exterior, arquitectura palaciega; en el interior, ingeniería de vanguardia para su época.
Tal vez te preguntes—¿por qué construir algo tan grandioso, con un contraste tan marcado entre su exterior e interior?
Estás a punto de descubrir la magnitud de esta estructura interna. Pero también es importante saber que ese contraste no fue casual. Fue intencionalmente solicitado por el gobierno argentino al encargarle el proyecto al ingeniero John Bateman. El mensaje fue claro: “No queremos un simple tanque de agua. Queremos un monumento al valor que nuestro gobierno otorga a la higiene pública”.
En ese sentido, este edificio no es solo un palacio—es un monumento a la importancia cultural del agua potable en aquella época. En resumen, un monumento al agua pura—nada más, ni nada menos.
Ahora, te invito a explorar esta gigantesca estructura de hierro, que alguna vez almacenó nada menos que 72 millones de litros de agua—y que hoy conserva 2,5 millones de documentos históricos de arquitectura.